Ingenieros de Georgia Tech crean implantes del tamaño de un grano de arroz sin cables

El sistema SWANS, probado en ratas, transmite pulsos eléctricos a través del tejido y elimina la necesidad de baterías, antenas o cables.

Un equipo del Instituto Tecnológico de Georgia (Georgia Tech) desarrolló un prototipo de implante médico llamado SWANS (In‑Body Networking System) que, con menos de 3 mm de longitud, puede insertarse mediante una aguja de calibre 16. La novedad del dispositivo es que utiliza la conductividad iónica del agua y las sales presentes en los tejidos para enviar pulsos eléctricos entre varios implantes, sin requerir cables, baterías ni antenas tradicionales.

En la prueba realizada, dos implantes colocados en extremidades opuestas de una rata detectaron el movimiento de sus patas delanteras y, mediante la señal transmitida, estimularon el nervio ciático de una de las patas traseras, reproduciendo parte del patrón de marcha del animal sin intervención externa. En otro experimento, los investigadores lograron comunicar dispositivos situados en diferentes zonas del organismo, incluido el interior del estómago, sin observar daño tisular.

Según los autores, la señal puede atravesar hasta 30 cm de tejido, una distancia más de diez veces mayor que la alcanzada por sistemas Bluetooth dentro del cuerpo, y el consumo energético es hasta 15 veces menor. Los componentes electrónicos son pasivos y permanecen inactivos hasta recibir el pulso adecuado; de esta forma, un actuador que se active una sola vez al día podría funcionar cerca de un año antes de requerir reemplazo.

El proyecto estuvo liderado por Ramy Ghanim, estudiante de doctorado, junto a Alex Abramson, profesor de Georgia Tech y autor principal, y contó con la colaboración de especialistas en ingeniería mecánica, biomédica y eléctrica, así como con investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). El estudio, titulado “An in‑body networking system for communication between wearable and implantable therapeutics”, se publicó a fines de septiembre de 2026 en la revista *Science* y recibió financiamiento de agencias de investigación estadounidenses.

Aunque los resultados en roedores son prometedores, los autores advierten que la tecnología debe superar nuevas pruebas de seguridad y eficacia antes de su aplicación clínica en humanos, ya que la mayor variabilidad de grasa, músculo y otros tejidos podría afectar la propagación de los pulsos eléctricos y la calidad de la comunicación entre implantes.