El máximo representante diplomático de Irán en la Argentina, Mohsen Soltani Tehrani, abandonó el país este sábado tras ser declarado “persona non grata” por el Gobierno argentino. La decisión se tomó en medio de una rápida escalada en la tensión bilateral, que se originó después de que la embajada iraní en Uruguay criticara la inclusión de la Guardia Revolucionaria de Irán en el registro de organizaciones terroristas.
La expulsión de Tehrani se concretó después de que el canciller Pablo Quirno confirmara que el diplomático había abandonado el país, cumpliendo con el plazo de 48 horas dispuesto por el Gobierno. La medida marca un quiebre en la relación bilateral y profundiza la confrontación con el régimen iraní.
El conflicto se desencadenó después de que la embajada iraní en Uruguay difundiera un comunicado con críticas hacia la Casa Rosada por la decisión de incluir a la Guardia Revolucionaria de Irán en el registro de organizaciones terroristas. El Gobierno argentino respondió de inmediato, calificando las críticas como “acusaciones falsas, ofensivas e improcedentes” y considerándolas una injerencia inadmisible en asuntos internos.
La tensión se inscribe en un escenario geopolítico más amplio, marcado por el alineamiento del Gobierno argentino con Estados Unidos e Israel, países enfrentados militarmente con Irán desde fines de febrero. La salida del diplomático iraní configura uno de los puntos más altos de tensión en la relación bilateral en las últimas décadas.
El Gobierno iraní advirtió que la decisión argentina “perjudica seriamente las relaciones bilaterales” y la calificó como un “error estratégico”. Sin embargo, el Ejecutivo argentino reafirmó su postura, recordando que dirigentes vinculados a la Guardia Revolucionaria, como Ahmad Vahidi, cuentan con pedidos de captura internacional por su presunta participación en el atentado a la AMIA de 1994. La salida del diplomático iraní representa un paso previo a una eventual ruptura de relaciones entre ambos países.