En un contexto donde la inclusión suele quedar atrapada en discursos, en el Distrito de Necochea comienza a consolidarse una experiencia que propone un cambio de enfoque: convertir la inclusión en una práctica concreta, medible y profundamente articulada con el mundo productivo.
La escena puede parecer simple, pero encierra un proceso estructural. En la Escuela de Educación Especial N.° 503, estudiantes, docentes y trabajadores de la Cooperativa de Trabajo, Servicios y Mantenimiento Necochea Limitada compartieron una jornada de trabajo sobre el suelo: limpieza, remoción y nivelación de un terreno destinado a una futura huerta. Lo visible es apenas el comienzo; lo relevante es el modelo que se está construyendo detrás.
Esta acción se enmarca dentro del Programa Puerto Ciudad, impulsado por el Consorcio de Gestión de Puerto Quequén, una iniciativa que busca redefinir el vínculo entre el puerto y la comunidad, integrando desarrollo productivo, inclusión social y formación. Lejos de ser una intervención improvisada, el trabajo surgió de un diagnóstico previo realizado por el equipo interdisciplinario del subprograma Puerto Ciudad Inclusiva, que detectó la necesidad de acondicionar un espacio que, sin acompañamiento, no podía volverse productivo.
La respuesta no fue asistencial, sino sistémica.
Bajo la responsabilidad del Licenciado Luis Pedone, el programa articuló una estrategia que integró actores con roles definidos: la escuela como espacio pedagógico, el equipo técnico como dispositivo de diagnóstico y seguimiento, y la cooperativa como ejecutora y transmisora de saberes vinculados al trabajo real.
Con el acompañamiento de la directora Cecilia Gutiérrez y el trabajo del profesor de huerta Natalio Fortune, la jornada se transformó en una instancia de aprendizaje activo. Los estudiantes no solo observaron, sino que participaron directamente en tareas concretas, incorporando conocimientos en un contexto real, con sentido práctico y proyección a futuro.
El modelo que impulsa Puerto Ciudad combina seis dimensiones clave: formación práctica, desarrollo pre-laboral, vinculación con actores productivos, educación ambiental, proyección productiva y articulación institucional. Esta integración permite que cada intervención no sea un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia orientada a generar impacto sostenido en el territorio.
De este modo, el Programa Puerto Ciudad se posiciona como un articulador territorial estratégico, capaz de identificar demandas concretas, coordinar respuestas eficientes y construir soluciones con impacto real en la comunidad.
La intervención en la Escuela 503 no es un episodio aislado, sino la expresión de una lógica replicable. Cuando la política pública se construye desde el territorio, con actores reales y objetivos claros, los resultados dejan de ser meramente declarativos para convertirse en transformaciones tangibles.
Una práctica que comienza con algo tan sencillo como preparar la tierra, pero que —cuando está bien diseñada— tiene el potencial de transformar mucho más que un espacio: puede cambiar trayectorias, generar oportunidades y fortalecer el entramado social.

