Arranca 2026 con cambios en el esquema cambiario: el foco vuelve a estar en el dólar y las reservas

El inicio de 2026 trae consigo una modificación clave en la política cambiaria del Gobierno nacional. Desde este viernes 2 de enero, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) pone en marcha un ajuste relevante en el funcionamiento de las bandas dentro de las cuales flota el dólar oficial, con el objetivo de ganar flexibilidad, sostener el proceso de desinflación y avanzar en la tan postergada acumulación de reservas.

La medida es impulsada por el equipo económico encabezado por el ministro de Economía, Luis Caputo, junto al presidente del BCRA, Santiago Bausili, y forma parte de una nueva etapa del programa económico. A partir de ahora, el piso y el techo del corredor cambiario dejarán de actualizarse a un ritmo fijo y pasarán a ajustarse automáticamente en función de la inflación pasada, con un rezago de dos meses, tomando como referencia los datos oficiales del Indec.

Según el sendero publicado por la autoridad monetaria, durante enero el piso de la banda descenderá gradualmente desde los $914,78 hasta ubicarse cerca de los $894 hacia fin de mes. En sentido contrario, el techo se moverá al alza, pasando de $1.529 a niveles cercanos a los $1.563. De este modo, el corredor se irá ampliando de forma progresiva, otorgando mayor margen de fluctuación al tipo de cambio oficial sin abandonar el esquema de bandas.

Desde el Gobierno sostienen que esta decisión apunta a compatibilizar la baja de la inflación con el fortalecimiento del balance del Banco Central, en un contexto de baja monetización de la economía y luego de haber eliminado los pasivos remunerados que durante años condicionaron la política monetaria. Más que un cambio de régimen, analistas privados interpretan el movimiento como un ajuste técnico para estirar la vida útil del ancla cambiaria en un escenario donde la escasez de dólares sigue siendo el principal límite del programa económico.

El desafío central no es nuevo: sumar reservas sin perder el control del tipo de cambio, que continúa siendo una pieza clave para contener la inercia inflacionaria junto con el equilibrio fiscal. En ese sentido, el éxito del esquema dependerá en buena medida de la capacidad de la economía para generar oferta genuina de divisas a lo largo del año.

Consultoras privadas recuerdan que 2025 estuvo marcado por una elevada volatilidad financiera, influida por el calendario electoral y la incertidumbre sobre cómo se acumularían reservas. Tras las elecciones de octubre, el riesgo país mostró una mejora significativa, aunque el escenario internacional de 2026 se presenta menos favorable para los flujos hacia mercados emergentes, lo que agrega presión al programa oficial.

El nuevo marco también modifica los incentivos financieros. Con el esquema anterior, el deslizamiento previsible de las bandas ofrecía cierta cobertura implícita a las inversiones en pesos. Con la actualización ligada a la inflación, los analistas advierten que el mercado podría exigir tasas más altas, aunque descartan, por ahora, un impacto directo sobre los precios, siempre y cuando el ingreso de divisas logre compensar la demanda.

En paralelo, el frente inflacionario sigue bajo observación. Algunas consultoras advierten sobre una aceleración de la inflación núcleo en los últimos meses y remarcan que el tipo de cambio continúa siendo el principal ancla nominal del programa, aunque con una credibilidad que depende estrechamente del nivel de reservas. Desde el BCRA ratificaron que durante 2026 mantendrán un sesgo monetario contractivo mientras la inflación local se ubique por encima de la internacional.

A este escenario se suma un calendario financiero exigente. El próximo 9 de enero vencen unos US$ 4.200 millones con bonistas privados, que serán cubiertos con reservas del Tesoro y financiamiento externo. De cara a las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional, los cálculos privados estiman que el Banco Central necesitará reforzar sus reservas en los próximos meses, en una negociación que volverá a poner en el centro la credibilidad del esquema cambiario.

Para el Gobierno, la apuesta es que una mayor demanda de dinero y una economía en recuperación permitan comprar divisas sin generar tensiones inflacionarias. El escenario base del BCRA contempla compras por unos US$ 10.000 millones durante el año, cifra que podría ampliarse si el contexto resulta más favorable y si se logra refinanciar buena parte de los vencimientos de deuda.

Por ahora, no está en agenda una liberación total del mercado cambiario ni la eliminación completa del cepo remanente. La estrategia oficial apunta a avanzar de manera gradual, condicionada a la estabilidad cambiaria, el acceso al financiamiento externo y la acumulación de reservas.

Así, el arranque de 2026 encuentra a la Argentina con un esquema cambiario algo más flexible y una hoja de ruta explícita. Como tantas veces en la historia económica del país, su sostenibilidad dependerá menos de las reglas formales y más de una variable clave: la llegada de dólares.